Gracias Hugo…

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Viejos

Hace apenas unos minutos, el principal  referente  de la CGT Azopardo, Hugo Moyano  en su discurso en el Monumento de los Trabajadores,  con motivo del Día Internacional del Trabajador, dedicó varios párrafos referidos  a la seria situación que atraviesa el sector mayoritario de  los jubilados de nuestro país.

Este hecho es auspicioso,  toda vez que pone sobre la arena del  campo de disputa sindical y también político  las dificultades  cursadas por  los “trabajadores jubilados”.

No fue lo suyo una solitaria mención dado  que, los otros tres oradores, de diferentes nucleamientos sindicales,  también aludieron a esta problemática.

Pero Hugo, fue el más insistente con el tema y en determinado momento resaltó la cuestión, adjetivando a  los damnificados,  como los “pobres jubilados…”

Entiendo que con esa frase, quiso enfatizar las dificultades que sufren los mayores a raíz de  los exiguos haberes previsionales que perciben.

Esto me hizo pensar en varias cosas.

Por un lado en un trabajo de la pensadora hindú  Gayatri Spivac que tituló “Puede hablar el subalterno”.  En el mismo  analiza los problemas de re-presentación que tienen las mujeres hindúes para presentar sus problemáticas de género.  Y la forma  en que otros actores procuran  re-presentarlas en sus necesidades y aspiraciones.

 Problemas de presentación de las propias y de re-presentación de los ajenos…

Por otra parte, me vino a la mente, dichos de  mi incansable amigo Eugenio Semino, quien  viene alertando en cuanto evento  se lo permite, sobre la tendencia que existe en nuestro medio a “tutelar” a los personas mayores.

Volviendo a lo sucedido en el Acto del Día del Trabajo,  los cuatro oradores que subieron al palco  son personas  mayores es decir “viejos”, pero ninguno pudo  re-conocerse o mejor dicho “presentarse”, como formando parte de ese colectivo etario.

Todo esto puede quedar solapado como un dato curioso y hasta anecdótico o bien como un tester de estructuras que operan al interior de las representaciones colectivas,  así se puede reconocer el peso de un tipo particular de  SUBALTERNALIDAD   con la que se connota a las personas mayores.

Ello ocurre porque toda persona, que no cae dentro de la lógica hegemónica vigente e, inmaculante de la juventud, pasa a ser depreciada y excluida simbólica y/o fácticamente, en lo que refiere a un conjunto de posibilidades, actividades y de última derechos…

De ese modo, se termina peyorizando a todo integrante de grupos pertenecientes a otros grupos cronológicos, los que son ubicados en una posición de subalternidad con respecto a los que ocupan los lugares centrales, aquellos que metafóricamente pueden subir a los palcos de esta sociedad.

Dicha mirada se erige como disciplinadora, con tal peso simbólico que todos aquellos, que se animen a transgredirla, terminan siendo igualmente expulsados.

También resulta frecuente que sean los propios mayores, como en el caso de los dirigentes sindicales  quienes nieguen su pertenencia a ese su sector cronológico, ante el temor de no ser bien recibidos por el resto de la sociedad.

Este discurso demoledor pero que opera en clave de violencia dulce o simbólica, hace que lo subalterno sea a la vez ubicado como  incapaz de razonar por sí mismo, surgiendo terceros, en muchos casos con acreditación política, institucional, profesional y/o sindical , quienes asumen la responsabilidad de re- presentándolos, con claras actitudes de tutelaje, como refiere Eugenio Semino.

Así suelen aparecer discursos exhortatorios sobre los derechos de los mayores  y verdaderas cruzadas en favor del “empoderamiento” de los mismos.

Pero, poco se hace en cuanto al trabajo desde una “perspectiva de envejecimiento” que por un lado con–suene con la rica tradición de ciudadanía y por el otro ocupe rápidas posturas reactivas, frente a toda forma de ageismo (maltrato por la edad avanzada).

En este punto quiero aclarar que no comulgo de la cosmovisión simplista, por la que se define a una persona como “vieja” por su sola pertenencia a una edad avanzada.

Por el contrario, sostengo mi casi certeza, sobre la enorme influencia de variables sociales, culturales, simbólicas, económicas y psicológicas que llevan a la mayoría de la población a prestar su anuencia para este tipo de operaciones.

Regresando a lo dicho por  Hugo y el mote de pobres que agrega a los viejos, puede ser útil, reflexionar que además de la propia gambeta con su reconocimiento etario,  esta frase, instala un nuevo problema.

Lo pobre antecede a la vejez como dando por sentado la exposición de este grupo, ante un riesgo externo, en algún sentido focalizado,  que habría que corregir y en el mejor de los casos prevenir.

 A mi  entender el concepto de los pobres viejos expuestos a los bajos haberes previsionales  no es asimilable con el macro problema de los  viejos  pobres.

Podemos decir incluso que los pobres viejos triturados en sus haberes por cada gobierno de turno oculta el concepto profundo de pobreza.

Dicho concepto ocluído en el discurso de Hugo encierra la idea de desigualdades sociales ante la enfermedad y la muerte, naturalizadas por nuestra sociedad,  en la etapa evolutiva de la vejez y también en las edades precedentes  edades.

Con este des-ocultamiento  no hace falta acudir a  tutelajes ni re-presentaciones de terceros, por el contrario demanda diagnósticos de una complejidad mayor e intervenciones de todos los actores en condiciones y derechos de asumir la palabra.

Vengo a decir que no alcanza con proponer el diálogo sino que deben asumirse los problemas tal cual son con la totalidad de los actores implicados, en nuestro caso bajo análisis, con el protagonismo  central de los adultos  mayores, a fin de que las pro-testas   se reciban de pro-puestas.

En este campo, sinceramente  veo pocos sectores organizados de adultos mayores que superen los eslóganes consignistas y avancen en  propuestas de soluciones para nuestro Estrellado Sistema de Seguridad Social en el que los aportes previsionales apenas alcanzan para financiar el 50 % de los compromisos.

O frente a un  eternamente corrupto PAMI que demanda de ideas y soluciones en el corto, mediano y largo plazo. Poniendo sobre el tapete la eficacia, efectividad, equidad y cobertura útil de las medidas que se asumen desde los despachos ministeriales. Desbordando  el clásico y errático pedido de normalización del PAMI, con el que por supuesto estoy de acuerdo.

El teórico italiano Antonio Gramsci en sus escritos sobre las clases subalternas resaltaba los aspectos atinentes a la cultura donde se juegan debates en pos de la construcción de consensos y voluntades para hegemonizar los cambios necesarios a fin de dar respuesta a las necesidades colectivas.

Este pensador sostenía que resultaba imprescindible poner en juego el esfuerzo  ideológico pero también sumar al mismo  capacidades  éticas y técnicas a fin de poder hacer viables, las propuestas superadoras.

Por todo lo expuesto no resulta  suficiente el invalorable reconocimiento  de los dirigentes sindicales sobre los problemas de los jubilados.

Insisto que no se trata, simplemente,  de corregir o  extirpar algo en un campo determinado, como podría suponerse en el caso de los montos de los haberes previsionales.

Creo que como sociedad nos espera el trabajo con nosotros mismos y con todo el tejido social reivindicando una perspectiva de envejecimiento que permita sobre todo la identificación de los mayores  como actores influyentes en este campo.

Por eso Gracias Hugo pero lo tuyo, pero no nos  alcanza, debemos nosotros asumir nuestros problemas…

Por Roberto Horacio Orden

Investigador IPID

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