Elecciones en ATE, un freno para el kirchnerismo.

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Las recientes elecciones en ATE que proclamaron a la Lista Verde Anusate, con Hugo Godoy como secretario General a nivel nacional, han derivado en una suerte de laberinto sin salida, donde se erige un claro ganador, y los perdedores encabezados por Fernando Acosta (con parte del aparato del PJ tras sus espaldas) por se niegan a aceptar la derrota, rotunda, y por no menos de 10 mil votos.

Esta sería la situación objetiva. Para el lector avezado en cuestiones político-gremiales, podría parecer algo normal; un sector gana y el otro se niega a perder. Ahora bien, sucede que el fenómeno que aquí se plantea es mucho más profundo, pues cuestiona las mismas bases de sustento de la democracia sindical, de la organización del movimiento obrero autónomo, y por sobre todo del poder político kirchnerista a escala nacional.

¿Por qué tal aseveración?

He aquí lo interesante, los sectores mayoritarios en pugna, claramente encarnan proyectos diferentes: por un lado la Lista Verde supone una alternativa sindical independiente, democrática, basista y crítica de los poderes de turno, tal como teóricamente debería ser una organización que defienda los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. Por el otro lado del mapa, emerge una grupo poco orgánico, con el férvido interés de alinear la estrategia sindical al esquema de poder político nacional representado ni más ni menos que por el PJ, hoy travestido bajo la fantasmagórica máscara de lo que conocemos como kirchnerismo.

Siguiendo este planteo, la lucha real se manifiesta en dos niveles bien diferentes, según la perspectiva de los actores en juego: para la verde la victoria supone conducir un gremio para defender y profundizar las conquistas históricas de los trabajadores estatales de cara a la restauración conservadora en ciernes post octubre 2015, que proponen tanto Scioli como Macri o Massa. Contrariamente, para el denominado sector verde y blanco (Nando Acosta y el PJ) el horizonte de posibilidades se complejiza, pues varias cosas se ponen en juego. En primer lugar, perder frente a una organización independiente; es una demostración de debilidad del aparato kirchnerista para la totalidad del sistema político nacional. En segundo término; representa la decadencia de las pretensiones de una minoría gremial. Pero por sobre todo, la perder ATE implica para el poder una imposibilidad fáctica de concretar la sumisión mecánica de la totalidad del colectivo sindical estatal de cara a los futuros recortes y ajustes que se encaren a partir del 2016 (recordar que el poder político hegemónico ya controla el otro gremio mayoritario de los estatales: UPCN).

Planteado el escenario, caben hacer algunas consideraciones en términos de acción y contexto, sobre el proceso eleccionario aquí expuesto, llevado adelante el pasado 2 de septiembre, que nos permitirán concluir sobre la vitalidad de la estructura basista de ATE y, como cuestión marginal, permiten elucubrar algunas aristas respecto de la decadencia progresiva del kirchnerismo como aparato de dominación total del sistema político.

El proceso previo a las elecciones

La previa a las elecciones ATE ya demostraba una clara intención del gobierno nacional de intervenir activamente en la decisión de cientos de miles de trabajadores estatales.

El primer antecedente, fue la decisión del Ministerio de Trabajo nacional de dilatar las elecciones que originalmente iban a ser llevadas adelante en la primera parte del 2015. Claramente,  el objetivo no era ni más ni menos que construir un candidato capaz de oponer una fuerza significativa a la ya consolidada Lista Verde. Para ello, la rápida estrategia del poder fue establecer una red de contactos “amigos” a cargo de referentes territoriales de peso, excluidos o marginalmente representados en las elecciones nacionales de octubre, tales como Edgardo Depetri, Milagro Sala y Luis Delia, capaces de potenciar una figura secundaria de ATE. Así llega Fernando Acosta a presentarse como candidato a secretario general.

Lo que vino después es bien conocido: la afiliación espuria por parte de la verde y blanca de miles de militantes territoriales, que forzados (cuando no coaccionados) por la verticalidad de sus referentes, se vieron en la situación de ser, de un día para otro, miembros de ATE. En ningún caso aquí se duda, ni se dudará, de la nobleza de la militancia territorial, se reconocen sí sus complejidades y se entiende que muchas veces la coyuntura fuerza este tipo de estrategias.

En paralelo, se suscitaron una serie de acciones cuasi teatrales pero de pretención legalista, por parte de las figuras encargadas de “conquistar” ATE por el Justicialismo. Icónico de ello, fue la catarata de acciones judiciales del diputado nacional depetri, que durante la semana previa a las elecciones visitaba, en una suerte de derrotero oportunista, distintos tribunales con el objetivo de impedir que los trabajadores del gremio voten.  De más está decir que la justicia en sus diferentes ámbitos rechazó una y todos los recursos.

Mientras depetri visitaba los tribunales, Milagro Salas con La Tupac, Delia con MILES, y parte del Movimiento Evita, organizaban sus aparatos para lo que vendría el día 2/9.

Durante la elección

Llegó el 2 de septiembre, los trabajadores de ATE en sus diferentes vertientes iban que votar.

Dada nuestra historia de lucha y resistencia, para nuestro gremio todo acto democrático es digno de celebración, sin importar la escala.  También, cabe resaltar que un acto eleccionario per sé supone una serie de reglas y obligaciones para todos los actores en juego, aunque no todos lo quieran entender.

Es importante destacar que las elecciones, salvo episodios aislados, se dieron con total normalidad, votó más de la mitad del padrón habilitado, lo cual habla de la vigorosa movilización sindical de ATE, aún en tiempos de identidades volátiles y lealtades livianas; uno de cada dos trabajadores afiliados sintió que con su derecho de votar podía hacer una diferencia en su gremio.

Hilvanando con lo anterior (todo tiene que ver con todo, dicen), era claro que las fichas estaban en el tablero, jugadas, por lo era esperado que parte del aparato del PJ haga lo suyo. El gato pierde las uñas pero no las mañas. Así fue que los militantes espontáneos del gremio, afiliados días antes de la elección (en el mejor de los casos) por la tropa de Depetri, Sala y compañía, realizaron su despliegue coreografiado; pretendieron votar sin figurar en los padrones, presentaron fiscales que no estaban habilitados por la junta electoral, y, en algunos casos, causaron intencionalmente incidentes, vía las patotas de siempre, para evitar que el resto de los trabajadores y trabajadoras votasen.

A pesar de todo, se votó, todos y cada uno de los que quisieron, y estaban habilitados, pudieron expresarse.

Lo que vino después

Hacia la noche del 2/9 comenzaron a escrutarse las urnas, la victoria de la verde a nivel nacional era inapelable, del mismo modo que la verde y blanca ganó CABA y merecen su reconocimiento.

Lo que sí resultó llamativo fue la autoproclamación desencajada del candidato nacional perdedor…como ganador… (Fernando Acosta al día de hoy, 7 de septiembre, 4 días después de las elecciones, sostiene ser el ganador de las elecciones, aun cuando 10 mil votos de diferencia en contra le indican lo contrario).

Mientras la mayoría los medios nacionales daban como vencedor a Hugo Godoy, flamante secretario general (lista verde), la maquinaria multimedia de propaganda kirchnerista en sus diferentes formas  y manifestaciones, planteaban de modo poco claro, con mucha ambigüedad, y casi ningún dato concreto, que Fernando Acosta triunfaba en… todas las provincias!!!

Darle entidad al planteo de Fernanda Acosta, personaje menor del mundo gremial estatal, sería caer en la trampa del poder, entrar en su juego. Pero sí vale reflexionar unos momentos sobre la estrategia desplegada, la cual entendemos habla de la rotunda derrota de la aventura kirchnerista en ATE, y pone de manifiesto la decadencia política del kirchnerismo como constructo de dominación política.

Haciendo honor a la honestidad intelectual, el punteo realizado a continuación no pretende hacer una división taxativa de buenos y malos, la gran mayoría de los que militamos en las diferentes facciones de ATE somos gente honesta, ética, luchadora y de profunda identidad obrerista, de seguro muy pronto estaremos marchando juntos. No obstante, deben resaltarse para el análisis algunas prácticas a nivel de la super-estructura política, las cuales atentan objetivamente contra la democracia gremial y que, en la general, pretenden aniquilar cualquier experiencia social genuinamente colectiva e independiente, en pos de mantener un esquema de poder y dominación bien concreto.

Retomemos entonces:

1) En función de una serie de argumentos poco claros, cuando no chicanas y divagues, desde el PJ plantean una victoria gremial en ATE, representada por la figura de Fernando Acosta. En una elección que hasta el último momento buscaron deslegitimar y denunciaron. ¿Acosta vocifera con bombos y platillos haber ganado una elección que no quería que se realizará? Inentendible, contradictorio.

2) Acabada la elección y aun proclamándose ganadores, el kirchnerismo (no los diversos y genuinos sectores de ATE, en sus diferentes expresiones políticas) denuncia fraude, alegando que en determinados puntos del país no les fue permitido fiscalizar apropiadamente. Por la experiencia de primera mano, es vox populi que aquellos que no pudieron fiscalizar, no lo hicieron porque no tenían los permisos propios del caso avalados por la junta electoral. Los veedores internacionales, especialmente convocados para la elección, dan fe de ello.

3) En este contexto de acusaciones sin fundamento, como acto desesperado, del mismo modo que un ahogado levanta sus manos buscando ayuda, desde las más profundas entrañas del poder dominante, se pretende ir a la justicia para deslegitimar las elecciones, y en definitiva, obturar una victoria rotunda, de escala nacional y, por sobre todo democrática, del movimiento obrero independiente, los cuales decidieron que ATE es de los trabajadores, gobierne quien gobierne.

Una última reflexión

Todas y cada una de las prácticas movilizadas en la elección en ATE, por parte de la lista verde y blanca, y del kirchnerismo en general, no son más que la muestra cabal de la impotencia ante la derrota, la cual no es caprichosa, aunque lo aparezca, sino que pone sobre la superficie el agotamiento de ciertas formas e construir lo político.

De este modo, llevando la situación objetiva a un análisis de segundo nivel, es bien sabido que la lógica misma de la relación de dominación debe permanecer oculta para ser efectiva, y, en este sentido, es muy fácil mentir con el ropaje de la verdad. Pero ¿qué pasa cuando esta relación se cristaliza por la expresión democrática de miles y miles de trabajadores? Es claro: la hegemonía del poder se pone en cuestión, y no hay peor cosa para el poder que aparecer desnudo frente a la multitud.

Efectuar esta lectura, supone seguir el camino de la crítica frente poder, como quien indaga acerca de síntomas de un paciente en crisis. El objetivo de la crítica aquí ha sido descubrir la tendencia no confesada del texto del poder oficial a través de sus rupturas, sus espacios en blanco y sus deslices; así pueden leerse los pasos de comedia de depetri en la justicia, las patotas de milagro sala, las vociferaciones violentas y negadoras de delia en los medios y en definitiva, la pretensión de embarrar la cancha para que esta elección quede cuestionada frente a los ojos de la opinión pública, etc, etc.

Por último, tengamos bien presente que si por nuestros propios medios podemos poner al descubierto las condiciones sociales que fuerzan a un discurso dominación a caer en ciertos engaños y disfraces, podremos acercarnos a analizar las intenciones reprimidas que introducen distorsiones en el comportamiento de los colectivos oprimidos, fueren los que fueren. La distorsión y/o la disimulación son reveladoras per sé, lo que emerge a través de las distorsiones es una situación objetiva, pero velada, es el trauma alrededor del cual se estructura la realidad social. En este caso sucede que el kirchnerismo, el poder, perdió en ATE, y aún más “grave” para algunos, los trabajadores le dieron la espalda a las intenciones del gobierno nacional, y su acto desesperado por no asumir la derrota denuncia, ante los ojos de todos nosotros, que su estrategia política, de pretendido carácter totalizador, se encuentra en decadencia.

Un comentario sobre “Elecciones en ATE, un freno para el kirchnerismo.

  1. Todo proceso electoral genera la liberación de una serie de tensiones contenidas y propias de las instancias que precedieron al acto de la elección.
    Se me ocurre que se abre una instancia que amerita una reflexión sobre las estrategias asumidas y las estrategias por asumir por un lado teniendo en cuenta los actos de poder establecidos por los contendientes y las servidumbres respectivas.
    Somos de las pocas estructuras sindicales del estado donde se despliega un juego democrático entre secotres con distintos posicionamientos y pertenencias.
    Creo que resulta oportuno pensar que va a pasar de ahora en más.
    Hago votos para que los candidatos electos pongan en juego todas sus capacidades en favor de unificar los reclamos sectoriales y ocupen con conocimiento, diálogo permanente con las bases y ejemplareidad en las diferentes luchas aquellos lugares necesarios para poder discutir las políticas seguidas por los distintos gobiernos (locales y de la nación) en lo que refiere a las reivindicaciones como a lo todo lo que hace a las prioridades de gobierno y a la asignación de los recursos públicos.
    Con ello recuperaremos el mandato histórico del sindicalismo combativo y pòr sobre todo la idea que el Estado somos todos.
    Creo que ese es el enorme desafía que le toca jugar a la nueva conducción de ATE.
    Un fuerte abrazo

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