EL INSTITUTO

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El proceso político que vive la Argentina en el inicio del nuevo siglo, de los 30 años de Democracia y de la “Década Ganada” ofrece un nuevo repertorio de interpelaciones al campo popular.

Economía concentrada y transnacionalizada, judicialización de la protesta social, ajuste planificado que recae sobre la espalda de los que menos tienen, militarización en las calles, bipartidismo “hasta que la muerte los separe”, manipulación del relato social, connivencia con el sindicalismo obsecuente son algunos componentes de la “matriz” que domina la Argentina. El sistema se encarga de reinverntarse a si mismo promoviendo dispositivos y alternativas para que nada cambie, y asi, la voluntad popular que no pudo sortear la trampa del “siga-siga”, legitimando un proceso de segura profundización de las variables apuntadas, y, probablemente, retroalimentando el entendible escepticismo de amplias capas de la misma sociedad respecto a la capacidad de corporación política para hacer frente a la realidad.

Pero toda esta maquinaria no nos impide seguir convencidos que hay lugar tanto para la resistencia y la solidaridad, como para la esperanza y la construcción colectiva; éste es el lugar que elegimos: propulsando una mayor democratización de la democracia y una justa distribución de la riqueza, escandalizados por el crimen que produce el hambre, reclamando democracia verdadera, militando la América Grande, caminando por una vejez digna.

Nuestro ADN es nuestra condición de trabajadores; nuestro capital es la voluntad inquebrantable de protagonizar los tiempos que nos toca vivir por una sociedad mejor; nuestro vehículo es la tozudez de no ser furgón de cola de ningún experimento progre, sino regar este tiempo con la predica de héroes, mártires y referencias del campo popular, de recorrer el camino de la construcción autónoma.

Creemos efectivamente que existe un lugar y un tiempo permeable a la posibilidad de desplegar un poder creador y propositivo que eluda las trampas que plantea el sistema, manifestando la apertura y diversidad frente al esquema político cerrado en su propia matriz constitutiva anclada en la dinámica recursiva del bipartidismo, proclamando pensamiento libre y crítico ante las encerronas discursivas del esquema amigo-enemigo presente en el poder de turno, rechazando las ficciones del mercado toda vez que sus demandas amenazan el desarrollo pleno de la vida.

Nuestra tarea sigue siendo la reivindicación de los valores del “hombre nuevo” en términos de coherencia de vida entre lo que se dice, se hace y se organiza en los niveles social, político, o desde las instituciones estatales.

Todo lo citado también supone la producción de liderazgos éticos, técnicos e ideológicos que debemos construir.

Es en este marco que hemos decidido la creación del Instituto por la Igualdad y la Democracia como un nuevo dispositivo hacia el nuevo sujeto y pensamiento colectivo y liberador.

El pensamiento colectivo no debe plantearse límites para un adentro virtual, sino la constante relación con un afuera. Tenemos la obligación de comprender y trabajar en una constante propuesta de generación de lecturas e intervenciones para la reversión de la estructura de poder hoy en pugna. Con espíritu generoso para construir con otros.

Así, la propuesta de la creación de nuestro Instituto asienta sobre una serie de grandes ejes: por un lado, la cualidad instituyente, propositiva y creativa de sus planteos y producciones; por el otro, la generación de vínculos horizontales entre compañeros de distintas identidades y procedencias a fin de plasmar sueños verdaderamente colectivos.